Mi filosofía
“Un caballo es tan bueno como su peor casco.” (Proverbio antiguo de los vaqueros)
Para tener buenos cascos, un caballo no necesita herraduras. Al contrario: las herraduras anulan en mayor o menor medida el mecanismo natural del casco, ralentizan la circulación sanguínea, reducen el crecimiento del cuerno del casco y provocan así una degradación progresiva del mismo.
Estoy convencido de que la naturaleza sabía lo que hacía cuando creó al caballo. Hoy en día, también está científicamente demostrado que cada caballo tiene el potencial de ir descalzo sin perder eficacia ni elegancia en su forma de moverse. Actualmente, incluso algunos de los caballos deportivos de mayor rendimiento
caminan descalzos.
Sin embargo, el requisito previo para ello es una base estable. En la mayoría de los caballos, esto lleva tiempo y es necesario tener en cuenta muchos factores, como por ejemplo la raza, las condiciones ambientales, el entrenamiento diario, los patrones de movimiento, la postura corporal del caballo y si se monta, y de qué manera.
Mi filosofía consiste, por un lado, en observar al caballo de forma integral e incluir la mayor cantidad posible de factores en la evaluación, y por otro, en tratar cada casco de manera individual.
De esta forma no solo mejoro la salud de los cascos, sino también el bienestar general del caballo. Porque un caballo con cascos felices es un caballo más feliz.
Una vez alcanzado este objetivo, solo queda avanzar en una dirección: acompañar al casco de forma constante en su camino hacia el máximo de su potencial, y así el mundo se convierte rápidamente en un lugar muy pequeño.
